
La conspiración francesa, la imposibilidad de un chico humilde de Pinto se haya dopado o cualquier intervención divina pueden ser buenas excusas para salvar en esta ocasión al corredor que toda España ama por sus hazañas sobre la bicicleta. Pero no nos alejemos de la realdiad, es muy complicado volver a creer en un deporte maltratado por los propios corredores. Son ellos quienes aceptan órdenes de equipo, incluso con autotransfusiones sanguíneas como se comprobó en la Operación Puerto. Son ellos, y no nosotros, los que manchan este deporte una y otra vez. Por ello, cabe recordar lo que el ciclismo nos ha dado para dudar.





